GAS

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Volvimos a confundir al enfermo con la enfermedad. No estaba en entredicho la actividad sindical, sino su forma de funcionamiento

La pelea por los derechos laborales de algunos jóvenes españoles emigrados a Alemania ha atraído la atención de los medios. Bajo esas siglas gasísticas se esconde el Grupo de Acción Sindical (GAS) que aúna esfuerzos para conseguir mejorar las condiciones de trabajo de los recién llegados. En servicios de enfermería hablan de que la diferencia de sueldo puede llegar a ser de un 40% entre españoles y alemanes, con penalizaciones incluidas, además de fraudes variados en otras ofertas llamativas de empleo en los que no resulta fácil lograr la unidad de acción, seguramente por miedo, desinformación o el temor a perder ese precario estribo en el que jóvenes huidos de países con economías hundidas se han subido al tren alemán.

Esta situación hace pensar en algo que ha venido sucediendo en las últimas décadas. El desprestigio de la actividad sindical ha sido uno de los elementos indispensables para reformar el sistema de dentro, hacia un desamparo evidente, propiciado por la insolidaridad. La promesa competitiva no siempre ha traído mayores dosis de libertad. Resultaba fácil atacar a unos sindicatos que se han convertido en elefantiásicos y la inercia de los cursos de formación y programas de fomento del empleo servían más para una recaudación paralela que para la reubicación profesional de personas que se han quedado al margen de la actividad laboral. Pero volvimos a confundir al enfermo con la enfermedad. No estaba en entredicho la actividad sindical, sino su forma de funcionamiento.

El mismo ejercicio de medicina preventiva debería haberse aplicado sobre la dinámica electoral de los partidos y hasta el propio sistema democrático. Como se delata con la aparición de nuevas opciones más jóvenes y dinámicas en un panorama dominado por partidos dinosaurios alejados de la calle y los problemas reales, el enfermo no era el voto ni el sistema ni la actividad política, tan desprestigiada según las encuestas. Es más, esos elementos esenciales son la medicina para sanar al paciente. La intemperie a la que tantos se han visto expuesta tiene un origen real en la crisis financiera, pero también en el desprestigio de elementos básicos de control, participación y representación que lo que necesitan no es una degradación ni una desaparición, sino un funcionamiento riguroso, ágil y cercano.

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